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3/8/1984 . Sumisión o conflicto por Jorge Abelardo Ramos


el sur como desprovistos de potencia histórica, perezosos e ineptos para ingresar por sí mismos en el camino de la civilización, salvo con la ayuda de los enérgicos yanquis.

Desde el campo de la ciencia social recién nacida, los fundadores del socialismo moderno desvalorizaban a la América Criolla (y a la India, que según ellos despertaría de su sueño milenario gracias al ferrocarril inglés) de la misma manera que lo hacían con fines menos caritativos y métodos nada teóricos las potencias imperialistas que saqueaban al tercer Mundo. Hubo una coincidencia perfecta entre la izquierda marxista de Europa y en el desarrollo de la supuesta universalización del capital.

La división internacional del trabajo y el mercado mundial reservaba la tecnología compleja a los "países avanzados" y la exportación de productos primarios a los pueblos periféricos condenados para siempre a recibir ayuda de las potencias civilizadas. Cuanta mas ayuda recibían mas crecía la deuda externa. Si algo faltaba actualmente para ligar entre sí a los estados de América Latina, sería justamente la deuda de casi 350.000 millones de dólares, en su mayor parte fruto de la usura lisa y llana, en parte fruto de la estafa bancaria más descarada y de la asociación ilícita entre las oligarquías latinoamericanas con numerosos bancos "serios".

Con dos flotas imperialistas en los mares de América Latina, una norteamericana que pretende intimidar a Nicaragua (sin entrar a juzgar ahora aspectos de su política interna) y otra armada inglesa que ocupa las islas argentinas de Malvinas podemos evaluar el valor real de las democracias occidentales contemporáneas.

Recordemos asimismo, cuando en el Consejo de Seguridad de 1982 se debatía la reconquista argentina de las Malvinas, no sólo contra la Argentina votaron Gran Bretaña, Estados Unidos y otros estados satélites, sino que se abstuvieron China, la URSS y Polonia. Sólo votó a favor de la Argentina la República de Panamá , aquel pedazo de tierra sagrada donde Bolívar, en 1826, convocó a la unión de la Patria Grande.

Reintegrar a la América Criolla su conciencia histórica perdida quizás sea una aventura tan azarosa como aquella que emprendieron Cristóbal Colón y Américo Vespucio. Pero una gran época define su carácter por el tamaño de las empresas que son capaces de concebir sus contemporáneos. Hemos brindado tolerancia -impuesta o inducida- durante cuatro siglos. Ahora necesitamos cincuenta o cien años de conflicto. Conflicto político, cultural, económico, para unir a la gran Patria disgregada. Después podremos ofrecer al mundo, de igual a igual, milenios de tolerancia. Con la realización de ese magno objetivo, transformaremos una historia pasiva en historia creadora. La utopía se trocara en acto. Y llamaremos pumas, soberbios pumas, a los leones calvos de la leyenda europea.

JAR


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