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2/6/1959 . Entrevista a J. A. Ramos sobre la situación política en 1959 por Carlos Strasser


parte de origen europeo meridional. Ambos grupos estaban desvinculados del pasado histórico y de las luchas sangrientas de la vieja Argentina; ambos grupos venían juntos: el primero, en los camarotes de lujo, y el segundo en la leonera cosmopolita de la tercera clase. Eran, en pequeño, una reproducción monstruosa de la sociedad europea transferida a la nueva tierra; y, a su manera, eran grupos privilegiados, urbanos, civilizados. Compartieron durante mucho tiempo el desprecio al "negro", y su notoria ironía sobre la "política criolla" indicaba que ellos no lo eran y que esta soberbia era pariente pobre de aquella otra sentida por sus lejanos connacionales por los nativos de África.

Dicho trasplante marcó desde su origen la ubicación de esta inmigración bipartidaria, por así decir, en la sociedad argentina. El obrero inmigrante encontró el marco natural para su lucha en el Partido Socialista, fundado por vástagos de inmigrantes genoveses y en cuyas sesiones se discutía en varios idiomas. Si estaban "a la izquierda" en Europa, era perfectamente lógico que estuvieran "a la izquierda" en nuestro país.

Radicados en la ciudad de Buenos Aires, ingresaron a las industrias derivadas de la explotación imperialista, y gozaron de las ventajas y dificultades de una economía más o menos dinámica. La "lucha de clases" tenía para ellos cierta vigencia efectiva y los dos polos del duelo histórico estaban a la vista: burguesía contra proletariado, clase contra clase, socialismo contra capitalismo. Este socialismo era muy moderado, naturalmente; era un socialismo de médico, o de boticario; un socialismo aséptico donde se votaba por correspondencia para no incomodar a los afiliados, en suma, un socialismo que había tomado como paradigma a esos filisteos y oportunistas alemanes del género de Bernstein, o del ministro de su majestad belga, el incomparable Vandervelde, cuyo cretinismo parlamentario era insufrible aun en la confortable Bruselas.

Y bien, en este país donde vivían todavía los viejos guerreros que un día lucharon a tacuara, donde percibíase aún el eco despavorido de los últimos malones y donde la inmensa mayoría del pueblo argentino vivía al margen de la economía monetaria y de la civilización urbana, el "socialismo" europeo del doctor Justo inculcó a los obreros extranjeros la idea del librecambio, su desconfianza de porteño hacia el interior, y su admiración colonialista por los grandes personajes europeos de la socialdemocracia. El rencor imperialista que profesaba Justo hacia los hombres simbólicos que habían fundado el país en una época de sangre y hierro, estaba asociado a una notable incompetencia para elaborar una política nacional del proletariado. Se produce así un perfecto aislamiento de los obreros porteños de procedencia europea y las masas argentinas del interior, para las cuales no regía ninguna legislación protectora y que aún no habían encontrado el cauce de un partido popular. Podría haber sido el Partido Socialista, en su primera época, el gran partido del pueblo argentino, si ese socialismo hubiera sido genuino y no importado, y si hubiera comprendido d carácter semicolonial de la Argentina, el peso decisivo de sus masas rurales, la clave de su dolorosa historia y el secreto de la penetración imperialista. En esos tiempos eran socialistas y latinoamericanos Manuel Ugarte, José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios. En otros trabajos he señalado el "trágico destino de una generación", como llamó Ugarte en un libro silenciado al infortunio que padecieron, y que finalmente los aniquiló, frustrando la gran posibilidad de un socialismo, popular, nacional, latinoamericano y revolucionario.

Pues este socialismo de tendero que nos tocó fue precisamente todo lo contrario: europeizante, porteño, antinacional y reformista. Su internacionalismo era para los discos rayados del 1 de mayo, para las tonaditas que cantan los gerentes de las cooperativas en la vieja efemérides. Era un internacionalismo pareci...continua



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