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6/2/1985 . Mnauel Ugarte por Jorge Abelardo Ramos


Tengo en mis manos un retrato amarillento y algo borroso, de ambigua retcula. Una muchacha francesa, con una chispa maliciosa en los ojos, observa arrobada a un criollo sereno, bien plantado. Es su marido. Joven todava, en su pelo rizado se advierten canas. El criollo, de traje, corbata y ancho cuello de camisa a la moda, luce bigotes recortados a la 1914 y un aire formal. Ella se llama Therese. El marido es Manuel Ugarte, un argentino en el destierro. La escena se fija en un solemne estudio de Niza. Son aos felices. Las catstrofes del siglo XX an se incuban en el inescrutable provenir. Pero Ugarte vive su estada europea con melancola.

No era para menos, pues en la irresistible Argentina del Centenario, orgullosa y rica, el emporio triguero del mundo, no haba lugar para l. No solamente porque, como deca Miguel Can, escribir una pgina desinteresada en Buenos Aires equivala a recitar un soneto de Petrarca en la Bolsa de Comercio, sino a causa de que Ugarte ira a desenvolver su vida contra la lgica de la factora euro-portea: era socialista, aunque criollo y catlico; argentino, pero hispanoamericanista. Si bien es cierto que luchara por la neutralidad en las dos guerras inter-colonialistas del siglo, debera hacerlo contra la opinin dominante del rupturismo demo-izquierdista favorable a las potencias democrticas; ms tarde, asumira la defensa de la industria nacional y de la clase obrera en un pas agropecuario, librecambista y antiobrero. En fin, al final de su vida, apoy al Coronel Pern y fue su Embajador en Mxico. La obra de Ugarte no fue publicada nunca en la Argentina. El nico libro que vio la luz entre nosotros, lo publiqu yo en 1953 cuando Ugarte haba muerto ya haca dos aos.

En realidad, se haba convertido en un muerto civil mucho tiempo antes. Sin el respaldo de un partido, de una capilla, de los grandes diarios, o del orden vigente, ningn editor manifest nunca el menor inters por publicar algn libro de Ugarte. Semejante maravilla se explica porque la formacin del gusto pblico, en 1914 o en la actualidad, corra por cuenta de los intereses creados por la oligarqua anglfila y su dcil clientela de la clase media urbana, en suma, el cipayo ilustrado, que se cultiva a la orilla de los grandes puertos de la Amrica Latina. La norma de prestigio consista en que lo bueno se impone. Segn el socilogo alemn Levin Schucking, corresponde formularse la pregunta siguiente: no ser que aquello que se impone es lo que despus se considerar bueno?

Mi relacin personal con Ugarte se redujo a una carta y una frustrada llamada telefnica. En 1949 le envi a Cuba, donde era Embajador, un ejemplar de Amrica Latina: Un pas. Me agradeci el libro con unas lneas. En 1951, viva yo en Espaa. Un da de diciembre lo llam por telfono a su casa, pero haba viajado a Niza, donde conservaba un pequeo departamento. Tito Livio Foppa, el Cnsul General en Barcelona, me inform das ms tarde que Ugarte haba muerto en Niza. No me ocult el consul su creencia en un suicidio. Esto ltimo nunca fue esclarecido. Al regresar de Europa, en 1953, edit El Porvenir de Amrica Latina. Escrib un estudio preliminar, como tributo de homenaje al gran precursor, desaparecido en la oscuridad ms completa. Al ao siguiente, en noviembre de 1954, organic una Comisin de Homenaje. Recibimos los restos de Ugarte en el puerto de Buenos Aires, que llegaron con aquella Therese Desmard cuya foto hoy miro a travs del tiempo.

Declinaba el gobierno de Pern. Un silencio sepulcral reinaba sobre la Repblica, en cuyo subsuelo toda la reaccin conspiraba. Pugnaban por derribar a Pern tanto la agnica partidocracia democrtica, como la izquierda cosmopolita y el nacionalismo puramente retrico de ciertos grupos de la derecha antiobrera. En ese momento, Therese Desmord regres al pas con los restos de Manuel Ugarte.
Enseguida organizamos en el saln Prncipe George un Funeral Cvico en su homenaje. Hablaron en el a...continua



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