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4/8/1983 . Porque cayó el Gobierno Peronista por Jorge Abelardo Ramos


Las fuerzas armadas han derribado el gobierno y ocupado el poder. En 1930, voltearon al gobierno popular de Yrigoyen; en 1943, al gobierno oligárquico de Castillo; en 1955, a Perón; en 1962 al gobierno de Frondizi, votado por los peronistas en forzada opción; y en 1966 a Illia, que había llegado a la presidencia por la proscripción del peronismo con el 20% de los votos.
Dejemos a un lado las veinte conspiraciones o cuarenta y más "planteos" en ese medio siglo de historia argentina. Semejante regularidad en los pronunciamientos militares indica claramente que la sociedad argentina está enferma. ¿Cuál es la naturaleza de su enfermedad? Simplemente que la Argentina está a mitad dc camino entre el capitalismo avanzado tal cual se dio en Europa y Estados Unidos y una estructura petrificada, puramente agraria, comercial y pastoril, típica de una semicolonia disfrazada con un barniz superficial de modernidad. La vieja oligarquía no deja avanzar hacia el capitalismo y la débil burguesía nacional es incapaz de eliminar a la oligarquía. El Ejército se ha hecho intérprete, según las circunstancias y el nivel político de la oficialidad, de uno u otro sector. Pero este dilema histórico-económico ha dado lugar a la aparición de dos grandes movimientos nacionales, el yrigoyenismo y el peronismo.
Sus caudillos representaron la ambición legitima de las masas populares, del naciente proletariado, del pequeño empresariado, de los colonos y agricultores, de la clase media vinculada a la burocracia o a las economías provinciales, de crear un país autónomo, con un régimen capitalista próspero y una soberanía inatacable. Pero los grandes caudillos y las clases agrupa­das alrededor de ellos fracasaron en ese empeño. Fueron infamados, después de vencidos, por un sistema rapaz integrado por los grandes ganaderos, bolsistas y zánganos, los exportadores, banqueros y capitalistas extranjeros, con una prensa venal a su servicio.
El golpe militar del 24 de marzo reitera este ciclo funesto. Su programa se personifica en Martínez de Hoz, ganadero y director de grandes empresas monopólicas ligadas al imperialismo.
Como en otras oportunidades, las Fuerzas Armadas han colocado el poder económico en las manos de los terratenientes y banqueros. Con las espaldas bien guardadas, este grupo se dispone a eliminar todas las medidas protectoras de los derechos obreros y la política nacionalista defensiva, débil sin duda, pero nacionalista al fin, del tercer gobiemo peronista.
Que el carácter antiobrero y antiburgués de este movimiento mi­litar no ofrece la menor duda, se demuestra por la intervención a la CGT y a la CGE. Para la camarilla de asesores oligárquicos de los comandantes, los obreros y los empresarios industriales despiertan sospechas y merecen una investigación, pero omiten investigar a la Sociedad Rural Argentina, el núcleo de los grandes propietarios latifundistas que constituye el "poder detrás del trono" de la mayoría de los gobiernos antipopulares desde hace más de un siglo.
Antes de seguir adelante, hagamos un repaso de los acontecimientos anteriores que nos permita comprender el presente.

EL REGRESO DE PERON
Onganía se había propuesto inmovilizar la voluntad popular durante veinte años, esperar la muerte de Perón y dejar al funcionario de Deltec, Krieger Vasena, el control del poder económico. Pero la conmoción nacional marcada por el "cordobazo" y los acontecimientos similares en Corrientes, Tucumán, Catamarca, Mendoza y el resto de la República, demostraron bien a las claras que los argen­tinos habían llegado al limite extremo de su paciencia con la dictadura militar. La caída de Onganía y Levingston obligó al Ejército a sacar las conclusiones de tales hechos y a convocar a elecciones. La primera de ellas, el 11 de marzo, tuvo aspectos ilegítimos, pues excluía a Perón de sus derechos a participar; la segunda, el 23 de setiembre fue totalmente democrática, ya que no lo excluía. El regreso de Perón coincidió con un florecimiento de las ilu...continua



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