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6/4/2011 . Jorge Abelardo Ramos como publicista de Democracia (1951-1955)  por Marcelo Summo


En el presente artículo pretendemos analizar la matriz teóricopolítica que construyó Jorge Abelardo Ramos a la hora de interpretar la realidad de América Latina y el proceso histórico en el cual se inscribe. Entre nuestros propósitos específicos se encuentran los de explorar sus interpretaciones en torno a las políticas de las potencias y las “revoluciones nacionales” en las colonias y “semicolonias” que componen la región. La pregunta central que nos orienta es cómo pensó Ramos el problema de la nación y, consecuentemente, el del peronismo. Para ello nos centramos en el análisis de sus ensayos políticos publicados en el diario Democracia entre los meses de diciembre de 1951 y septiembre de 1955.

Un publicista marxista para un diario peronista

Jorge Abelardo Ramos comenzó a trabajar como publicista de Democracia un mes después de celebrado el acto comicial de 1951, en una coyuntura caracterizada por un altísimo nivel de confrontación entre gobierno y oposición. Bajo el seudónimo de Víctor Almagro publicó allí regularmente sus artículos entre los días 26/12/1951 y 14/09/1955. Éstos aparecieron por lo general en primera plana, en la parte inferior izquierda del periódico, compartiendo cartel con otros que suscribía semanalmente un tal Descartes, quien no era otro que el mismo presidente de la República. Con ese seudónimo, Perón publicó sus trabajos también en primera plana, pero en la parte superior de la misma, arriba y a la derecha de los de Ramos, lo cual constituía toda una metáfora gráfica que daba cuenta estrictamente de la relación política entre ambos y del lugar ocupado por Ramos en el matutino. Tanto Perón como Ramos comenzaron a colaborar en Democracia en un momento en el que el régimen peronista pretendía relanzar la propagandizada “revolución nacional” que decía estar llevando adelante desde 1946, la cual era emparentada desde una perspectiva antiimperialista histórica y políticamente con otros procesos que se estaban sucediendo también en la periferia del planeta, tales como los de Bolivia y Egipto.

Con el arribo del periodista Américo Barrios a la dirección del diario un mes antes de las elecciones, se operaron importantes cambios a su interior, entre otros, el de colocar un colaborador propio en el extranjero. Ese puesto fue cubierto por Ramos, quien se incorporó al matutino estando en París. Por lo general, Perón y Ramos fueron los únicos columnistas de Democracia que publicaron sus escritos con firma, compartiendo además, en diferentes momentos, preocupaciones temáticas tales como la política de las grandes potencias, las perspectivas de una unión sudamericana, el papel de los ejércitos en las sociedades periféricas, el rol de la Iglesia, la prensa y los intelectuales en las mismas, y el escenario interno y externo en que le tocaba hacer política al gobierno peronista. Esto se relacionó directamente con el lugar que ocupó Ramos en el diario y con la función que allí desempeñó. Básicamente, la de apoyar desde una perspectiva de izquierda a todas las “revoluciones nacionales” que acaecían en las colonias y “semicolonias” del mundo –entre ellas “la peronista”–, cumpliendo el papel de agitador antiimperialista y de detractor político de los partidos socialistas y comunistas –tanto locales como foráneos–, entendidos como aliados estratégicos de las potencias y, en consecuencia, como enemigos irreconciliables de aquéllas.

En la medida en que desde noviembre de 1946 el joven trotskista Ramos venía sosteniendo una orientación de “apoyo crítico” hacia el régimen, su ingreso a Democracia representaba una especie de “matrimonio de razón” entre éste y el peronismo. Por un lado, le otorgaba al primero la oportunidad de publicar en un medio masivo de gran tirada sus artículos y de llegar con su discurso a un público mucho mayor y a la vez diferente al que tradicionalmente lo leía y, por el otro, le permitía al segundo contar con una pluma aliada más que creativa e incisiva en sus disputas políticas con las potencias y la izquierda tradicional.

“Imperialismo” y “revoluciones nacionales”, la unidad latinoamericana

Como publicista del matutino, Ramos volvería sobre temas abordados en trabajos anteriores, como los publicados en la revista Octubre o en su libro de 1949 América Latina: un país, pero pronunciándose de una manera distinta para desplazarse en un sentido diferente. Si bien retomaba el problema de la “balcanización imperialista” del subcontinente y la consecuente necesidad de su unificación, ahora, a diferencia de lo expresado oportunamente, omitía definirse en términos de la forma final que ésta debería tener.

Así como en la revista Octubre había expresado la necesidad de “la fusión económi...continua



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Centro Documental Jorge Abelardo Ramos - C. A. de Buenos Aires, Argentina, UNASUR