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1/8/1973 . Rasputinismo y pequeña burguesía por Jorge Abelardo Ramos

, la revolución rusa no aparecía por ninguna parte y aunque se perpetraban mejicaneadas, no había mexicanos revolucionarios. Es cierto que Rucci y sus amigos de la generación del 45 (calibre 45) expresaban un peronismo archicorrompido, pero de todos modos provenían del peronismo. No podía decirse algo parecido de los jóvenes idealistas, hijos de la clase media gorila, que bajo los brutales golpes del cesarismo oligárquico se habían desplazado hacia el movimiento nacional llevando consigo sus propias ilusiones. Pues perseguir la novelería de encontrar el verdadero socialismo en el peronismo sólo podía termionar con el amargo descubrimiento de que Rucci y sus muchachos de gatillo rápido eran la encarnación de la admirable doctrina. La pequeña burguesía no había comprendido la naturaleza social del peronismo cuando lo combatía y tampoco lograba entenderlo al plegarse a él. Sin duda, resultaba más tentador buscar el camino del socialismo a través del nacionalismo burgués en situación inminente de llegar al poder, que hacerlo por medio de la dura lucha de un partido revolucionario. Perón, al regresar 18 años después de su caída, (gracias al Cordobazo) debía poner las cosas en su lugar con la rudeza de su estilo habitual.

Ante este cuadro, numerosos “frejulistas” (o sea, los sectores de la pequeña burguesía que votaron por Cámpora sin convertirse al peronismo) se formularon las siguientes preguntas:
1°) ¿Perón se ha vuelto reaccionario o, en verdad, nunca ha dejado de serlo?
2°) ¿Perón es prisionero de los rasputinianos?
En sus estudios sobre la revolución china, sostenía Trotsky que la burguesía de los países atrasados deriva hacia el campo de la revolución –o de la contrarrevolución- bajo la presión de sus intereses de clase. No puede renunciar a sus enfrentamientos con el imperialismo pues sus intereses le dictan la voluntad de ensanchar el marco de su dominio en el mercado interior, que el imperialismo pugna por ocupar. El contenido social de la política económica del peronismo fue y es el de responder a la burguesía nacional. Al regresar al poder lleva a cabo una política estabilizadora en el orden monetario, que demuestra no sólo hasta qué punto los “burgueses nacionales” del equipo económico detestan a la clase asalariada, sino que también mide su temor a la oligarquía terrateniente y su estupidez profunda. Pues esta política económica conduce a la recesión, remacha el estancamiento y pone en peligro el crédito de que goza el peronismo entre las grandes masas que en otra época se beneficiaron con una política exactamente inversa. Pero de estos hechos a formular la hipótesis, a la que es tan propensa la izquierda cipaya, de que Perón se ha vuelto “reaccionario”, es ignorar los múltiples cambios de frente que la burguesía y los movimientos nacionales realizan en los países semicoloniales en sus relaciones contradictorias con el imperialism o externo y las masas que integran tales movimientos.

Los ataques de Perón a su izquierda juvenil, en segundo lugar, son un reaseguro para que la ideología socialista no gane la conciencia de los obreros y los empuje a considerar objetivos más avanzados que los que Perón desea fijarle a su movimiento. Esto era más fácil de conseguir en tiempos de prosperidad –1945-1955- que en las actuales horas de crisis. Por eso Perón conserva a su lado a Rucci, a Gelbard y a López Rega. Los rasputinianos nada valen por sí mismos, ni han creado cerco alguno alrededor de Perón. Es Perón quien ha construido dicho cerco para establecer los límites de su política. Ha designado a cortesanos sin representatividad para simbolizarla. Si Perón podrá mantener esta conducta o se verá obligado a reemplazarla para no caer con ella, sólo podrán decirlo los acontecimientos.

Por otra parte, los rasputinianos son prisioneros de Perón, ya que si disponen del poder sindical es sólo porque Perón, hasta ahora, no ha creído conveniente intervenirlos y convocar a elecciones libres. En cuanto a Gelbard, debe su presenc...continua



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