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5/5/1974 . Requiem para un luchador. Arturo Jauretche. por Jorge Abelardo Ramos

igualable poder disolvente a la petrificada y apolnea literatura de la factora, a ese glido mundo procedente de Groussac y Larreta que haba venido a parar a Borges. A la literatura cortesana, inclinada ante la supremaca terrateniente y enferma de anglofilia, opuso Jauretche la risa de Rabelais (o de Mansilla). Dira que en su estilo verbal y escrito hasta haba algo del desenfado de Sarmiento en este adversario del autor de Facundo. Realiz la tarea de demolicin poltico-esttica que era imperioso hacer ante la cultura aristocrtica y logr conmover en sus gustos a las clases medias que en esa esfera, como en todas las dems, copiaban a la oligarqua.

Pero su musa perpetua fue la poltica. Comprenda como pocos en la Argentina sus cambios bruscos, con frecuencia su inescrutable carcter y su peculiar ingratitud. Era uno de esos raros argentinos que saba advertir detrs de un conservador a un posible alsinista, o que la palabra comunista no constitua ninguna garanta de una poltica revolucionaria, as como recordar lo que hubo de eco popular en aquellos demcratas de Crdoba que procedan del juarismo o qu diablos significaban los autonomistas de Corrientes y por qu sus hijos en la Facultad de Derecho correntina podan trajinar como izquierdistas mientras llegaba el momento de hacerse cargo de la estancia. Conoca la Patagonia y su fauna, la Puna y su viejo dolor; demostraba con extrema simplicidad el mecanismo ntimo del comercio de exportacin e importacin, y era capaz de revelar difanamente la desintegracin de la pampa hmeda, que permita descifrar el poder econmico de la oligarqua bonaerense y al mismo tiempo su formidable parasitismo, as como su resistencia a invertir. La categora que Marx emplea en El Capital fue utilizada luego por Jauretche en sus escritos.

Su prosa se emparentaba con la antigua tradicin argentina de Hernndez, Sarmiento, Mansilla, Balestra, Wilde, Fray Mocho. Era literalmente una prosa hablada, pues Jauretche rara vez escribi. Dictaba siempre, despus de imaginar los artculos, sus argumentos y ocurrencia. Conoc muchos artculos que me cont y que no lleg a publicar porque no tena una dactilgrafa a mano. Cuesta pensar que este hombre extraordinario ya no existe. As mismo es preciso admitir que la hegemona cultural oligrquica, contra la que tanto luch Jauretche, ha sido destruida pero no ha sido reemplazada por otra.

Por esa razn la muerte de Jauretche no ha conmovido al pas y las juventudes, an las que se dicen revolucionarias, no han dicho ni po. Es cierto que el pueblo ha recuperado el poder. Pero en el orden de la cultura y de los valores seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de Jauretche circulen por los colegios nacionales y Universidades con la misma profundidad con que hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos encuadernados, podr decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de los ideales nacionales ha entrado por fin en la formacin de las nuevas generaciones argentinas.

Por eso no puedo decirle adis a Jauretche: lo "tendrn en su memoria / para siempre mis paisanos".

JAR


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