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3/4/1990 . El laberinto de García Marquez por Jorge Abelardo Ramos

obstante, nos dice luego que consumió dos años en la lectura de documentos sobre la vida del Libertador, labor que lo autoriza más adelante a referirse al "rigor de esta novela". En materia de "rigor", digamos que San Martín no fue el "Libertador del Río de la Plata", como afirma García Márquez, sino de las Provincias Unidas, de Chile y de parte del Perú. Tampoco es cierto que Garibaldi, quién visitó a Bolívar en su lecho de muerte, fuera "el patriota italiano que regresaba de luchar contra la dictadura de Rosas en la Argentina". El joven Garibaldi que deambuló por Sudamérica a mediados del siglo XIX era un aventurero peninsular, a la cabeza de una turba de forajidos, que el propio Garibaldi en sus "Memorias" llama "chusma cosmopolita", conocida en todas las escuadras filibusteras con el nombre de "fréres de la cóte", que saqueó Colonia y Gualeguaychú en particular (poblaciones civiles desarmadas) a sueldo de los imperialistas franceses que ocupaban Montevideo.

En historia colombiana García Márquez aparece como liberal. Al referirse al general Santander, un Mitre bogotano y librecambista, escribe que "sus virtudes civiles y su excelente formación académica sustentaron su gloria. Fue sin duda el segundo hombre de la independencia y el primero en el ordenamiento jurídico de la republica". ¡Que interesante!. No pocas desgracias póstumas se acumularon sobre Bolívar, comparables a aquellas que martirizaron su vida. Si de un lado el pensamiento conservador y oligárquico de los puertos ha instalado el bronce de Bolivar en un lugar tan sospechoso como la OEA, del otro la farándula izquierdista de la inocente América Criolla lo ha condenado bajo la inspiración del hechicero de Tréveris. García Márquez, en su ensayo biográfico de Fidel Castro, (escribe el historiador colombiano José Consuegra) ha dibujado el perfil del político cubano con exquisita cortesía y no ha entrado en su vida amorosa por "considerarla un ámbito privado".

Con Bolívar no ha procedido con tantos miramientos. Sin duda la "intelligentzia" de América latina percibe exactamente la dirección de la brisa. Una cosa es un hombre de Estado vivo, y otra un hombre de Estado muerto. Cuando García Márquez recibió en 1982 el Premio Dimitrov de la Bulgaria socialista, no se habían olvidado sus palabras: "Mi gran sueño es figurar en enciclopedia soviética, que será el único eco que la literatura actual tendrá en el porvenir". Para un intelectual del siglo XX, colocarse bajo la protección de una gran potencia constituye un salvoconducto a la fama. Pero si se coloca a la sombra de ambas, en el Este y en el Oeste, entre el Nobel y el Dimitrov, es mucho mejor. Si a lo dicho se agrega que García Márquez es un gran escritor, sólo cabría acariciar la esperanza de que la América mestiza pueda ofrecer algún día a sus intelectuales un ámbito protector que los vuelva más dueños de sí mismos. Porque la literatura, como la ciencia, no son "disciplinas neutrales". Realmente ¿por qué sería para García Márquez el doctor Francia, dictador de Paraguay, un personaje risible y abominable y en cambio Fidel Castro un paradigma de jefe de gobierno?. ¿Garibaldi patriota italiano y Rosas "dictador", a secas?.

En otras ocasiones, García Márquez no ocultó sus opiniones políticas. A la luz de su Bolívar podrá reiterar que la guerra de Malvinas fue una aventura "estúpida" y la invasión de Afganistán una proeza socialista. "El general en su laberinto" es, sin duda, una obra de arte. Reposa sobre la agonía de un hombre que ambicionó fundar una Patria Grande, una "Nación de Repúblicas". ¿Y por qué esta trama de maravillosa prosa criolla, suculenta de pájaros, comidas, apetitosas mujeres y paisajes que sólo en América viven, debía ser el itinerario de una agonía?. ¿Solo muerte y derrota puede ofrecer nuestra tierra al ansioso paladar de la cruel Europa, inventora de la guillotina, y a la pequeña burguesía latinoamericana colonizada?. En el fondo ¿no será ese el secreto del millón de ejemplares? ¿No le...continua



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