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Weidlé o la nostalgia de un mundo perdido por Pablo Carvallo \\\ Art�culos \\\ Jorge Abelardo Ramos

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16/3/1952 . Weidlé o la nostalgia de un mundo perdido por Pablo Carvallo



La unidad espiritual creada por la preeminencia de la Iglesia en los siglos medievales posibilitó la existencia de una concepción del mundo compatible con la realidad de esa época. Dicha tradición permitió al artista encontrar en la sociedad un punto de apoyo seguro para sus aventuras estéticas, pues la comunidad humana parecía una estructura concluida, una órbita con leyes tan inmutables como los aforismos aristotélicos. Esa visión y misión del artista quedó rasgada con la aparición de una atmósfera nueva que fue la del Renacimiento, una explosión estética y política que se había preparado con lentitud molecular en los tiempos precedentes.

La universalidad geográfica instaurada por la burguesía, recién emergida de las ciudades y ya dueña de los puertos ultramarinos, contribuyó a modificar las bases materiales de un nuevo ordenamiento mundial. El Renacimiento ofreció a los hombres la recuperación del pasado clásico, una revaluación de los poetas paganos y de toda la escultórica griega, sumergidos hasta ese momento en la opacidad del Medioevo. La pintura reflejó en el gigantismo de sus héroes las fuerzas desplegadas, reprimidas hasta el día anterior, y esa desmesurada presión hacia el esplendor físico encontraba su confirmación en la osadía de las aventuras, trocadas por obra de la revolución técnica en aventuras burguesas: la búsqueda de comarcas y continentes remotos se despojó del delirio puro para encarnarse en la apetencia del oro y de las especias. El poderoso realismo renacentista, aun bajo el ropaje religioso, pareció insinuarse en toda el alma moderna. El hombre y con el hombre su expresión estética, sintió nuevamente sus pies sobre la tierra, asistió a una transformación del mundo que sustituía el poder eclesiástico o feudal por otro poder; igualmente sólido e inmutable. El artista encontraba en todas partes los pilares materiales de una sociedad en la que se apoyaba un mundo en el que había esperanza.
Todo el arte tradicional, entendiendo por tradicional un arte viviente y legítimo, buscó y obtuvo las garantías objetivas necesarias que el artista personalmente rechaza, pero que constituyen la condición primera de su arte. Ninguna catástrofe histórica o social ofreció al arte la escena de creación. El arte se manifestó siempre antes o después de la crisis, ya sea como una anticipación intuitiva del caos o como su reflejo posterior. La Revolución francesa no fue la obra de los enciclopedistas como generalmente afirman textos negligentes. Pero resulta indiscutible que los filósofos racionalistas, que vivían bajo el particularismo feudal nutridos del Renacimiento, dotaron al proceso histórico de Francia de todas las condiciones críticas y espirituales para impregnar hasta la médula la conciencia de los futuros jacobinos. Los años del terror jacobino y del terror thermidoriano dejaron en silencio a los escritores y artistas.

Varias décadas más tarde, aparecen los primeros novelistas que diseñarían, aún desde el punto de vista crítico, las imágenes del acontecimiento. Balzac sería el más eminente de todos ellos, y con Stendhal, el representante más notable de una generación que desnudó el verdadero rol de los triunfadores y usurpadores de la gran revolución. La condición monárquica del autor de “La Comedia humana” no haría más que confirmar indirectamente el hecho de que un artista genuino puede ser vencido por el mundo que evoca, a pesar de sus propias opiniones circunstanciales.

La evolución inaugurada por el Renacimiento se encontró en su plena expresión en el siglo XIX francés, testigo de las explosiones románticas, de las plataformas utópicas y el realismo pequeñoburgués de la escuela de Zola. La naturaleza expansiva del capitalismo ofreció un amplio teatro para el desarrollo de toda clase de tendencias artísticas. Pero al mismo tiempo que ese sistema social declinaba, el arte sintió que en el suelo se abría un abismo y que todos los elementos estables de aquel mundo inmóvil entraban en disolución. Antes de...continua



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