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La actualidad de Nicolás Gogol por Pablo Carvallo \\\ Art�culos \\\ Jorge Abelardo Ramos

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23/4/1952 . La actualidad de Nicolás Gogol  por Pablo Carvallo



En una pequeña aldea de Sorotchinsk nacía en 1810 Nicolás Gogol. Ucrania era una vasta tierra dorada por el sol, otra de las naciones alógenas unidas al imperio zarista por los hilos centralizadores de una inmensa burocracia. La casa paterna era un viejo edificio rodeado de árboles y el padre del niño gozaba de una situación de propietario rural que se dejaba vivir bajo la protección de un terrateniente amigo. Gogol pasó su infancia en la libertad de un medio cultivado: su familia y el terrateniente vecino pertenecían a los círculos intelectuales de la época. El rico folklore ucraniano, las canciones de remota ascendencia, el amor a los clásicos rusos, el goce del teatro, eran hábitos regulares de la pequeña sociedad campesina en cuyo seno se formó la personalidad infantil de Gogol. Su padre era un hombre que combinaba el buen humor del ucraniano típico con accesos de melancolía profunda, movimiento pendular de su espíritu atribuible no sólo a las limitaciones de la vida rural sino a su propia frustración como hombre. Gogol repetiría en escala genial esos rasgos paternos y los incluiría en su obra futura.
Los primeros años de su adolescencia pasaron en estudios intermitentes: Poltava, Niejine. El joven Gogol no fue buen estudiante: a su temperamento dispersivo se unía el sistema regimentado de la enseñanza rusa, la ortodoxia profesoral y las ondas eléctricas que recorrían el imperio desde la sublevación y derrota de los “dekabristas”. Todas las astillas de una sociedad en disolución, los humildes tipos humanos que reaparecerían en las páginas del Gogol adulto, los campesinos barbudos agobiados de impuestos, el humor trágico de las bromas populares, los imponentes inspectores de escuelas entorchados de condecoraciones y frases, pasaron bajo los ojos ávidos de Gogol en esos años estudiantiles.
Las letras ya lo atraían: el romanticismo alemán era su modelo, Pouschkin su dios terrestre. Pero San Petersburgo era la capital lejana y feérica, la escena para realizar su ambición naciente. El ambiente provincial de Niejine lo ahogaba: “Cómo es de duro –escribía a su padre- estar enterrado con seres villanamente desconocidos, en un mutismo mortal. Tú conoces a todos nuestros ‘habitantes’, aquellos que viven en Niejine. Han aplastado bajo su capa terrestre, bajo su suficiencia mezquina, la alta voluntad de ser hombres. Y es entre estos seres que debo arrastrarme…”.
En 1828 se realizó su deseo apasionado de vivir en San Petersburgo. En esa ciudad comenzó su aprendizaje de la miseria urbana, frecuentó los círculos intelectuales y artísticos, consiguió un modesto empleo en el más bajo escalafón de la burocracia zarista y completó su experiencia de los hombres. Sus primeros escritos interesaron a Pouchkin, que lo estimuló al trabajo. En el mundo literario ruso se cristalizaban todas las aspiraciones de una nación sofocada bajo el absolutismo. Prohibida la existencia política, la literatura reunió las mejores energías intelectuales y operó en ese siglo un verdadero renacimiento espiritual; el siglo XVIII francés se expresó en Rusia en el siglo XIX. Gogol absorbió íntegramente la tradición multinacional, utilizó las riquezas folklóricas de Ucrania y los caracteres trágicos de las grandes ciudades rusas para forjar un friso satírico de incalculable potencia.
En 1851 apareció publicado el libro “Las veladas de la aldea”, y un poco más tarde veía la luz “Taras Bulba”, la epopeya cosaca. Su genio nacional, sin embargo, tomaba impulso en esos notables ejercicios parciales, antes de dar el salto definitivo hacia “Las almas muertas” y “El revisor”.
El siglo XIX estaba presidido por el absolutismo más feroz, pero este régimen se encarnaba en la burocracia, una inmensa red administrativa que expresaba en toda la vida del país la pesadez, la ineficacia y la pompa vacía del zarismo. Antes que Gogol dibujara a su “revisor”, el héroe ya existía en todos los estratos del Estado, como el símbolo grotesco del marasmo general. La burocracia rusa, herede...continua



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